El gobernador de Florida, Ron DeSantis, dio a conocer a finales de enero los resultados de una investigación estatal que ha encendido las alarmas sobre la seguridad alimentaria: más del 60% de los dulces analizados contenían arsénico, un metal pesado cuya ingesta es tóxica para el ser humano. El estudio, realizado por el Departamento de Salud Estatal, analizó 46 productos de diez empresas distintas, detectando la presencia de este contaminante en 28 de ellos. Los hallazgos han motivado una evaluación más profunda de los posibles riesgos de exposición, con especial foco en la población infantil, que suele ser la principal consumidora de este tipo de golosinas.
Entre los productos contaminados se encuentran artículos de marcas globalmente populares como Nestlé (KitKat), Mars (Snickers, 3 Musketeers, Skittles), Hershey’s y Mondelez International (Sour Patch Kids, Swedish Fish), según el listado publicado por la iniciativa estatal ‘Healthy Florida First’. Esta plataforma, lanzada a finales del año pasado, busca promover la transparencia alimentaria y la rendición de cuentas de las empresas de consumo. La investigación llega semanas después de que autoridades sanitarias detectaran también niveles elevados de metales pesados, incluido arsénico, en varias marcas de fórmula infantil vendidas en Estados Unidos.
El arsénico es un elemento natural que se encuentra en el suelo, el agua y algunos alimentos, como el arroz. Su forma inorgánica es altamente tóxica y está clasificada como cancerígena para los humanos. La exposición prolongada, incluso a bajas dosis, puede aumentar el riesgo de enfermedades de la piel, problemas de desarrollo cognitivo en niños, diabetes y diversos tipos de cáncer. La presencia de este metal en los dulces podría deberse a contaminantes en ingredientes básicos como el azúcar, los colorantes o los estabilizantes derivados de cultivos absorbentes.
Frente a los resultados, las autoridades de Florida no solo publicaron la lista de productos afectados, sino que también proporcionaron porciones «seguras aproximadas» de consumo anual para cada uno. Según sus estimaciones, ingerir una cantidad menor a la indicada no debería representar un riesgo significativo para la salud. No obstante, este enfoque ha generado debate entre expertos en salud pública, quienes subrayan que ningún nivel de arsénico inorgánico es completamente seguro, especialmente para los niños, cuyo organismo es más susceptible a los tóxicos y cuyo consumo de golosinas puede ser frecuente.
La revelación pone en evidencia vacíos regulatorios en la supervisión de contaminantes en alimentos procesados y golosinas. A diferencia de lo que ocurre con el agua potable o los cereales infantiles —donde existen límites más estrictos—, no hay estándares federales específicos en Estados Unidos para el arsénico en los dulces. Esto deja a discreción de los estados y de las propias empresas la gestión del riesgo, una situación que iniciativas como ‘Healthy Florida First’ buscan confrontar mediante mayor transparencia y presión pública.
La noticia ha resonado entre consumidores y defensores de la seguridad alimentaria, planteando preguntas urgentes sobre los controles de calidad en la industria de confitería y la necesidad de estándares más robustos. Mientras tanto, se recomienda a los padres moderar el consumo de estos productos en la dieta infantil y mantenerse informados sobre las actualizaciones de las autoridades sanitarias. Lo que comenzó como una investigación estatal podría convertirse en un catalizador para cambios más amplios en la regulación de lo que endulza —y preocupa— a millones de personas.















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