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El «conocimiento banano»: por qué tu carrera profesional caduca cada cinco años

Expertos advierten que el 95% de lo aprendido en la universidad pierde valor en una década debido a la velocidad de la tecnología.

Parece cuento, pero el conocimiento hoy tiene fecha de caducidad como si fuera un litro de leche. El análisis de la longevidad educativa revela que estamos entrando a una era donde lo que hoy es «la última maravilla», mañana ya es pieza de museo. En la CDMX, donde la competencia está a la orden del día, entender que las habilidades técnicas duran apenas un suspiro es la diferencia entre tener chamba o verla pasar.

Hace cuatro décadas, lo que aprendías te servía para unos doce años de carrera tranquila; hoy, la vida estimada de esas habilidades es de apenas cinco años, y para las cuestiones técnicas más pesadas, se nos reduce a tres años y medio. Es el fenómeno del «conocimiento banano»: si no te lo comes rápido o lo aprovechas, se te pudre en las manos y ya no le sirve a nadie en la oficina.

Sin embargo, no todo es pesimismo en este relajo digital. Mientras las herramientas técnicas cambian a la velocidad del rayo, las llamadas «habilidades blandas» —como la comunicación y el liderazgo— son las que sacan la casta, manteniendo hasta un 90% de su valor después de diez años. Son las que nos hacen humanos y las que, por ahora, las máquinas no nos pueden copiar tan fácil.

La idea de tener una «carrera estable» ya pasó a la historia junto con los teléfonos de disco. Quedarse en un mismo puesto esperando jubilarse sin aprender nada nuevo es la forma más rápida de que la inflación te deje en la calle. Según los datos de mercado, la estabilidad laboral hoy en día es un mito que termina matando tus ingresos a largo plazo porque dejas de ser competitivo.

En cuanto a la creación de empleos, el panorama para el 2030 se ve movidito pero esperanzador. Se calcula que se van a crear 170 millones de puestos nuevos a nivel global. Aunque se pierdan muchos por la automatización, vamos a tener una ganancia neta de 78 millones de empleos. El chiste es estar en el bando de los que saben operar las nuevas herramientas y no de los que se quedan mirando.

La responsabilidad, nos dicen los especialistas, ya no es de las empresas ni del gobierno, sino de cada quien. Si no te enfocas en crecer mientras estudias y después de salir de la escuela, el esfuerzo de tus años universitarios se puede ir directo al caño. Aprender ya no es una opción para los ratones de biblioteca, es una necesidad básica para sobrevivir en el mercado actual.

Un punto crítico es el desempeño académico. Resulta que si terminas en el último cuartil de tu generación, tu retorno de inversión educativa baja a un raquítico 2.6%. En cambio, los que se ponen las pilas y salen con buen promedio mantienen una rentabilidad del 12.5%, superando por mucho a lo que te daría invertir en bonos del gobierno o cualquier otro instrumento financiero.

Para los que ya peinan canas, el consejo es no tirar la toalla. La falta de contratación en adultos mayores de 55 años tiene mucho que ver con que dejan de actualizarse. En este mundo que no se detiene, la curiosidad debe ser permanente. Si te mantienes en la jugada del estudio constante, tu experiencia acumulada se vuelve una herramienta poderosísima combinada con las nuevas tecnologías.

En resumen, el mercado laboral de hoy nos exige ser aprendices permanentes. Ya no basta con decir «yo ya estudié», ahora la frase de batalla es «yo sigo estudiando». La longevidad de la educación depende totalmente de qué tanto estés dispuesto a renovar tu inventario de conocimientos antes de que el mercado te ponga la etiqueta de «obsoleto».

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