Por Bruno Cortés
En la Cámara de Diputados se encendieron focos amarillos sobre un tema que cada vez pesa más en la agenda pública: la migración ya no es solo gente buscando trabajo, ahora también es gente huyendo para salvar la vida. Así quedó claro en el foro convocado por la diputada Maribel Solache González, donde especialistas aterrizaron una realidad que muchas veces se queda en cifras, pero pocas en historias humanas.
Para entenderlo fácil: antes, hace unas décadas, la mayoría migraba por necesidad económica. Hoy el panorama es mucho más complejo. Hay quienes salen de su país porque el crimen organizado los amenaza, porque hay violencia generalizada o incluso porque el cambio climático les quitó su forma de vida. Es decir, ya no es solo buscar mejores ingresos, es sobrevivir.
Los datos ayudan a dimensionar el tamaño del fenómeno: más de 300 millones de personas en el mundo viven fuera de su país de origen. Y en México, el país dejó de ser solo de paso para convertirse también en destino. Esto tiene mucho que ver con políticas más duras en Estados Unidos, que han cambiado las rutas y decisiones de quienes migran.
Uno de los puntos más delicados es la niñez migrante. Niñas y niños que viajan solos enfrentan riesgos extremos: desde explotación hasta reclutamiento por grupos criminales. Incluso se mencionó el caso de menores utilizados de forma recurrente en la frontera, lo que refleja un nivel de vulnerabilidad alarmante.
En términos de política pública, el diagnóstico es claro: la ley se quedó corta. Las reglas actuales no contemplan del todo nuevas causas de migración, como el cambio climático. Además, las instituciones están rebasadas. La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, por ejemplo, tiene más solicitudes de las que puede procesar, lo que provoca retrasos de hasta un año en trámites que deberían resolverse en meses. ¿Qué pasa mientras tanto? Muchas personas terminan trabajando en la informalidad, sin derechos ni protección.
También se puso sobre la mesa el endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos, donde —según especialistas— se ha priorizado detener personas por número más que por perfil. Esto ha derivado en detenciones de personas sin antecedentes y en denuncias de violaciones a derechos humanos, incluso muertes bajo custodia que siguen sin esclarecerse.
Pero no todo es negativo. Hay una idea que empieza a ganar terreno: integrar a las personas migrantes puede traer beneficios económicos. Cuando se les da acceso a empleo formal, salud y educación, no solo se integran, también aportan al país. De hecho, ya hay evidencia de que estas políticas generan ingresos vía impuestos.
Otro punto clave es entender quién es realmente una persona refugiada. No todos los que migran entran en la misma categoría, pero cuando alguien huye porque su vida está en riesgo y cruza una frontera, el Estado tiene la obligación de protegerlo y no regresarlo a ese peligro.
Finalmente, el debate también tocó algo más profundo: la percepción social. Muchas veces se asocia migración con pobreza, pero no siempre es así. También hay movilidad por inversión, turismo o desarrollo. El reto, coincidieron especialistas, es dejar de ver la migración como problema y empezar a verla como una realidad que necesita reglas más humanas y funcionales.
En pocas palabras, México está en un punto clave: o adapta sus políticas públicas a esta nueva realidad migratoria o seguirá reaccionando tarde a un fenómeno que ya cambió y que, todo indica, seguirá creciendo.















Deja una respuesta